sábado, 30 de mayo de 2015

A PROPÓSITO DEL DÍA DEL ÁRBOL

A PROPÓSITO DEL DÍA DEL ÁRBOL

Hoy, en este mundo, en el que parece prevalecer el dicho "sálvese quién pueda", se hace necesario abrir un paréntesis, y reflexionar sobre lo absurdo de nuestros actos. No sólo nos empeñamos en alienarnos los pseudovalores, sembrando a diestra y siniestra los males que hoy padecemos, sino que nos hemos empeñado en destruírlo todo, incluyendo la naturaleza, contamínandola, explotándola inmisericordemente acabando con árboles, animales, bosques, selvas y todo lo que esté a nuestro alcance. Parece ser que nos viene al pelo la expresión del bárbaro Atila, que para avalar su poder destructivo decía a los cauatro vientos: "Donde pasa mi caballo,  no crecerá más la hierba".
 Es cierto y gracias a Dios que los hay, que existen hombres de buena voluntad, que desde todos los sectores, de todos los extractos sociales y religiosos invitan a la paz, al amor, al respeto por la naturaleza. No sólo se levanta la voz, sino que actúa en defensa de los más necesitados, así como en defensa de los animales, de los nobles árboles y de la naturaleza entera.
Pero, son pocos, y casi siempre su voz se pierde en el desierto.
 Pareciera ser que sólo a unos cuantos les importa el mundo que nos rodea, y cuanto hay en él; mientras que  la gran mayoría, haciendo caso omiso a los principios éticos y al mandato divino de cuidar el universo y de amarnos los unos para con los otros, se empeñan en luchas fraticidas, hacen valer lo mío sobre lo nuestro, y destruyen todo lo que tocan en aras de los propios intereses.
Es así que los árboles dialogan con el hombre. Se nos presentan comunicándonos sus características botánicas, para luego establecer un diálogo abierto sobre sus aportes en pro del equilibrio ecológico, del ecosistema y en beneficio del mismo hombre.
Además cuando sus características lo indican, nos dan consejos y nos invitan a una reflexión sincera con el fín de motivarnos a un cambio, si se quiere a una conversión, que podría definitivamente cambiar el curso de este rumbo, anacrónico y sin sentido.
En muchos casos nos remiten a la Palabra Revelada para vivirla, y para que desde allí rforzemos nuestra fé y nuestra acción, invita a la reflexión.
Ciertamente nos debatimos frenta a un vivir o morir, ojalá que optemos por vivir.

EL ARAGUANEY
Hola, amigo, ¿cómo estás?. Ciertamente no necsito presentación. Soy el árbol nacional del país. Me conoces por mis flores amarillas, que sobresalen sobre el verde clorofílico en los meses comprendidos entre Febrero y Mayo, y por haberme visto en muchos lienzos, ya que soy el árbol mas pintado por los pintores venezolanos, y en muchos libros porque soy el árbol autóctono por antonomasia. Además represento fielmente aquél dicho: " amarillo es lo que luce, verde nace por doquier". Pero, lo que seguramente no sabes es que mido de 6 a 12 metros, que soy de la misma familia de mi pariente el Apamate, que mi nombre científico es: Tubebuia chrysantha, y que el cáliz de mis flores grandes, vistosas, amarrillo intenso,agrupadas al final de las ramas, reunidas en un pedúnculo común, que tú tanto admiras, se caracteriza por ser muy velludo. No sólo soy un arbol ornamental por mi belleza en los tiempos de floritura, sino que también mi madera es apreciadas para usos de ebanistería.
Pero ¡ay de mi! cando ya no luzco mi ropaje amarillo, cuando mis flores se marchitan y caen, cae con ello mi belleza y mi orgullo. Entonces, mi ramaje carente ya de flores y hojas se manifiesta escuálido y equelético o al igual que los huesos sin la belleza del cuerpo. Sin embargo, me embarga el optimismo porque sé que vuelvo a florecer, y vuelvo a ser bello. Luego, aún en el momento de gestación, cuando me siento desnudo, cuando mi ramaje se dobla a la fuerte caricia del viento, me revitalizo en mi fe porque sé que estoy cunpliendo con mi ciclo vital y, por consiguiente, con la dialéctica de la vida., hay que morir ciclicamente  para renacer más vigoroso y fuerte.
Esta muerte es vida. Muriendo se renace a la esperanza, y mi esperanza es volver a extsiarte con mi belleza y, con ella, volver a alabar a Dios alabando a la creación.
Es por todo esto que soy felíz. Cumplo con la vida, con la creación y para conmigo mismo. Cumplo contigo también, porque tú te admiras al admirarme, alabas a la naturaleza al alabarme, te sumerges en el paisaje, al sumergirte en mi belleza.

Edilia C. de Borges