jueves, 11 de septiembre de 2014

EL SIMBOLISMO DEL ÁRBOL 

Estamos ligados a la naturaleza, no somos algo aparte de ella, sino una de sus porciones integrantes.
Somos constituídos de tierra. Es tierra todo cuanto somos. "Polvo eres" fue dicho con ese correcto e insuperable sentido de la verdad que posee la Biblia.
Entonces no somos ajenos a la naturaleza, si entendemos que somos apenas un poco de tierra que piensa y siente, gracias a ese equilibrio inestable de la materia que es la vida misma.
En esa escala que va desde lo telúrico hasta lo humano, el vegetal ocupa una posicion intermedia, y del mundo vegetal, es el árbol su máxima expresión.
De ahí que se haya escogido al árbol como símbolo. Pero no como emblema sólo de vida vegetal, sino como personificación también de lo animal y de lo inanimado, esto es, de la naturaleza toda.

El árbol, al cual se le rinde culto en Mayo, representa el suelo, el agua, el aire, las plantas, los animales y al hombre.

Ningún otro ser o cosa  hubiese podido señalar con más justeza que la del árbol, esa trabazón existente entre lo vivo y lo inanimado. Porque él con sus raíces hundidas en tierra y su follaje aventado al sol, nos habla por una parte de cosas precisas y fundamentales, y por otra nos da el sentido de la elevación, para que así no olvidemos el polvo eres, ni esquivemos nuestra más alta misión de amor omnihumano y de reconocimiento a todo lo creado..

Y ese mismo crecer ilimitado del árbol nos dice también que es posible siempre ir más allá, elevarnos más, superarnos a cada momento.
Así llegamos a través del árbol, al mundo del pensamiento y de la ética. A la ética funcional, integral casi absoluta, porque incluye en su concepción desde el universo físico hasta la actitud del hombre y el panorama abstracto de las ideas
Esta nueva moral en cuyo credo se empeñan hoy, consciente o inconscientemente, los más altos valores humanos de todas las naciones, persigue su ideal básico: que el hombre viva en armonía consigo y con la naturaleza, para que así, el hecho de vivir discurra más felíz.
En el árbol existe un simbolismo moral basado en la ecología, o sea la ciencia que estudia las correlaciones existentes entre los seres vivos y el medio.
Como es difícil que todo mundo comprenda este concepto, se ha optado por darle un matiz emotivo, sentimental, patriótico, que impresiona y que habla mucho a la conciencia de todos los hombres cualquiera sea su grado de cultura.
Hoy nadie escapa al influjo avasallante del conservacionismo, estamos ganados a su causa y es significativo el hecho que al otrora Ministerio del Ambiente se le haya sumado otro Ministerio que tiene secciones de conservación, como es la vivienda.
Personas ajenas en apariencia, al campo de la conservación se han sumado a las filas de esta cruzada, conviene difundir el concepto hasta hacerlo conciencia y sentimiento en el ánimo del público, para que no se de el caso de personas que incendian las sabanas o destruyen bosques enteros, cuando en cambio cuidan con esmero un arbolito que aisladamente mentienen en el corral de sus casas.
Lo que se persigue con la Fiesta del Árbol no es establecer un fetichismo del árbol, sino poner en evidencia la conexión que existe entre el hombre y la
naturaleza, para que éste sea más razonable y previsivo en el aprovechamiento de la misma. y en consecuencia nosotros, y las generaciones que nos sucedan por los siglos de los siglos, tengamos siempre recursos de los cuales podamos surtir nuestra mesa y alegrar el espíritu.